lunes, 16 de julio de 2012

Para leer antes de que el mundo se acabe

Aquí la antología Ante el fin del mundo, compilada por Guillermo Tangelson y publicada por la Universidad de Lanús (nótese en la foto, que se ven dos de los libros de Roni Bandini, a quien le robé la idea de las fotos y que también participa en el proyecto. Además se ve el lomo de "Lo único importante...", lástima que no tenga incripción).


La UNLa ha decidido donar parte de lo recaudado a distintos comedores populares del conurbano bonaerense. En la página 17 van a poder leer un cuento que escribí especialmente para la antología. Aquí un adelanto.

lunes, 27 de febrero de 2012

Semana de contratapas

Aquí, un texto que escribí para el suplemento Cultura, del diario Tiempo Argentino, insiparada en la foto que aprece arriba.

viernes, 24 de febrero de 2012

Adiós

Hoy murió Rifka Benderschi, mi vecina de toda la infancia y adolescencia. Tenía 94 años, y no, no es una tragedia, es la ley de la vida y todo eso que ya sabemos, pero igual sé que el mundo perdió un poco de luz hoy.
Algún día escribiré su historia, su infancia en Rumania, los paseos en trineo, que me contó una tarde que fui a llevarle flores, a ella y a su pareja, Elida, ya no me acuerdo por qué. Qué pena saber que nunca más voy a cruzármela, con su zapatillitas de cordones, un día cualquiera que vaya a visitar a mi madre.

jueves, 23 de febrero de 2012

"Fuerza" en Télam

Uno de los cuentos del libro en la edición en papel del suplemento literario de Télam.
Pueden verlo y bajar el PDF (edición 23/02/2012) acá

lunes, 30 de enero de 2012

El rey de los centauros

Necesitaba desintoxicarme. Estaba parada delante de la biblioteca, plenamente consciente de que tenía que abandonar, al menos por unos días (me cuesta renunciar de manera definitiva a un libro, por mucho que me aburra) a esa nouvelle que venía leyendo. El estilo era completamente amanerado, rebuscado, insufrible. Y yo tenía que hacer una entrega de traducción, no me podía arriesgar a que inconscientemente se me pegara esa sintaxis correcta pero insoportable (sí, mi inconsciente tiene alma de cinta scotch y así como se le pegan escenas de películas de terror que se niega a soltar durante años y años, momentáneamente puede quedar atrapado del ritmo de lo que vengo leyendo). Así que estaba parada frente a la biblioteca viendo qué libro ya conocido (no era cuestión de arriesgarse) podía elegir de compañía para relajarme antes de empezar a traducir. Tenía que ser una novela escrita originalmente en castellano y tener un estilo pulido, pero dinámico. Si era una narradora femenina, mejor aún, porque lo que iba traducir era desde la perspectiva de una mujer. Había varios para elegir, por ejemplo Desencanto de Romina Doval estaba ahí, sonriéndome. Pero necesitaba que fuera un libro que no hubiera releído hace poco, si no, no iba a servirme para leerlo sin detenerme en detalles, como prestarle atención al ritmo, la sonoridad, porque la historia la tenía demasiado presente. Entonces lo vi, El rey de los centauros, de Inés Garland. Era justo lo que estaba necesitando. Mi plan era leerme algunas páginas esa semana mientras estaba traduciendo. Al ser un libro conocido, podía dejarlo con facilidad una vez que terminara… Una prueba más de que todavía desconozco el poder de la literatura. El trabajo de traducción llegó y se fue (y mi traducción resultó muy elogiada, así que se puede decir que El rey… cumplió su función), y yo no podía dejar el libro hasta llegar al final. No es que me sorprendiera lo bueno que es (cuando es la ¿tercer? ¿cuarta lectura? de una novela uno ya sabe que es buena), ni siquiera que me siguiera enganchando a pesar de conocerla (y eso que tuve el privilegio de conocer ese texto cuando tenía otro nombre y el Teo de la historia era otro Teo, aunque en el fondo es el mismo). Lo que El rey me iba devolviendo era una parte mía, las noches de verano de taller en la casa de Liliana, la voz de Inés leyendo, mis diecinueve años, y toda esa fascinación por esa gente para quien escribir era lo único que tenía sentido. Quizá fuera que se acercaba fin de año, mi cumpleaños, el cambio de década y todo eso, quizá fuera el amor que siento por esa frase de Proust que dice que lo que buscamos en un libro ya leído es aquel que fuimos al leerlo, pero siento que hay una parte de mí encerrada en el Rey de los centauros, una a la que hacía mucho tiempo que no volvía, que casi había olvidado. Supongo que esa es una de las cosas que más me fascinan de la literatura, que no guarda sólo lecturas, versiones de un mismo libro a medida que pasan los años, también atesora nuestra historia junto con su historia; y cuando ya nada quede de ese que fuimos y esa vida que tuvimos, igual podemos volver, encontrar por un pasaje subrepticio el camino hacia el recuerdo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Cohesión

Uno de los primeros posts de este blog fue sobre la presentación de "El sueño Colbert", de Roni Bandini. Aquí les enlazo una entrevista a Luis Mey que realizó Mauro Yakimiuk, en su precioso sitio de entrevistas Entre Vidas, en la que el autor de "Las garras del niño inútil" recomienda "El sueño Colbert", haganle casoooo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Porque el mío es un libro federal

Una preciosa reseña en La Gaceta Literaria, de Tucumán. Así dan ganas de publicar más libros, che.

Cuentos con colores, texturas, sonidos y sabores

Domingo 7 de Agosto de 2011 | Un libro construido con talento, que se ocupa de abordar los temas universales

Cuento
LO ÚNICO IMPORTANTE EN EL MUNDO
AZUCENA GALETTINI
(El fin de la noche - Bs. As.)

Los escritores de ficción son habitualmente recordados por sus citas, epigramas o definiciones, que por lo general, enuncia alguno de sus personajes o ellos mismos en clave de narradores. Observaciones políticas, morales o filosóficas van quedando en la memoria imprecisa. Quien busque en un libro ya transitado alguna de esas frases no tendrá dificultad en el caso de Borges o Wilde, aunque sí en textos de Carver o Flannery O’Connor. Y es que en estos últimos casos, al leer las páginas al azar uno se encuentra con simples palabras que describen complejas acciones, circunstancias, personajes, etcétera, que están acaeciendo en ese Orbis Tertius, en el mundo literario. Esos escritores no irrumpen con sus valoraciones u opiniones en sus escritos, purificando así su propia producción literaria.
Lo único importante en el mundo pertenece holgadamente a esa clase de literatura. El estilo seco, simple, deja ver un excelente ejercicio de la Teoría del Iceberg, consolidada en los textos de Ernest Hemingway, donde la elipsis y el tendido de un inteligente velo sobre cierta información despiertan un vivo interés en el lector.
Los temas tratados en estos breves y consistentes cuentos son universales: la espontánea y gratuita felicidad, el miedo creciente de un niño intimidado por su hermano mayor, el amor ante la proximidad de la muerte, la importancia de la memoria en la constitución de la identidad personal.
Colores, texturas, sonidos, sabores, abundan en los relatos, generando esa experiencia táctil, real, de la que está hecha la buena literatura. Además, sin caer en lo moralizante, en lo pedagógico, pero tampoco en lo simplemente anecdótico, el libro conforma un ejemplo de talento y corrección literaria.
© LA GACETA

César Di Primio